Una vez, en mi angustia, clame fuertemente al Señor, y le dije: “Dios mio,
ayudame! Mi vida no vale nada y se me escapa de las manos. Quiero ser feliz,
quiero encontrar el sentido a mi vida.”

El Señor me miro fijamente con ojos compasivos y con una sonrisa llena de
amor, me tomo de la mano y me dijo:
“Levantate y anda!”

Yo me quede confundido y le dije: “…pero Señor, yo no tengo experiencia.
Como me mandas a mi?”

Eso ya lo se. No digas que no tienes experiencia, te he escogido desde antes
que nacieras para ser Mi Hijo, y te he regalado mi Espiritu, que habita en ti.
“Levantate y anda!”
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